domingo, 25 de abril de 2010

Correr


Podría correr sin parar hasta llegar al horizonte o llegar hasta mí misma...o hasta ti que nunca eres tú.
Necesito un rescate, un cable a tierra. Necesito que esta tarde que ya recuerda al estío, mis vestidos sean otros, mis pasos en pasillos menos conocidos y mi soledad más atrevida. También mi desvarío.
Huyo, me voy, no estoy. Me fui.
Lo malo es que no huyo de ti ni de los domingos; lo malo no es que me vaya, lo malo es que huyo de mi.

lunes, 19 de abril de 2010

Gotas


Siempre me he preguntado qué sentirán las gotas cuando se suicidan hacia el abismo que hay después del ojo; si al desparramarse en el pecho de otra persona o al desaparecer entre las fibras de un clínex, tendrán tiempo suficiente para rememorar los momentos más felices de su acuosa vida o para pedir perdón por todos los pecados que no han cometido.
Tampoco sé (y me gustaría), si llorar todo un día podría deshidratarme, o si el salitre que guardan daña el cutis o favorece las arrugas.
¿Es corta la vida de una gota? ¿o es tan larga como la pena que arrastran?
Quisiera saber el número exacto que alguien es capaz de soltar expresamente, porque hay algunas que se escapan; avisan, al uso, con un tenúe calor en el párpado, pero para entonces, no hay manera de pararlas. Y se dirigen, con alevosía y parsimonia hacia la superficie ocular de la vergüenza.
Algunas son tímidas y otras no tanto. Algunas pesadas como rocas y otras ligeras y sinuosas; las hay de tibieza media y sofocantes como el infierno.
¿Cuánto pesa una gota? ¿se mide su capacidad en mílilitros o en la cantidad de suspiros que se llevan a su paso?
Las hay tristes pero también contentas. Las he visto de colores y oscuras como la boca de un lobo. Analgésicas, divertidas, traicioneras, dicharacheras, adoloridas, lentas, individuales o en grupo...Siempre me he preguntado en qué idioma hablan las gotas.

miércoles, 14 de abril de 2010

Caricia


Sucede que, a veces, me muero de miedo.
Sucede que es más fácil perderse en el trazo impresionista de un cuadro que ordenar las palabras para que tengan sentido. Sucede que aún me pongo colorada cuando tengo vergüenza.
También ocurre que, en definitiva, me aterra lo efímero.
Y pasa que soy un collage de imágenes perfectas. Y añejas. Una maletita azul de fotografías viejas.
Sucede que, a veces, necesito una caricia. Y pasa que una caricia no es un arrumaco ni una carantoña, ni siquiera es una garatusa y, aunque se parezca, no es tampoco una lisonja. La caricia no es otra cosa que uno de tus dedos paseando por mi boca; cuando está caprichosa prefiere ser un abrazo callado y eterno y, a ratos, cuando duerme,se conforma con ser tus manos custodiando mi cuerpo.

lunes, 5 de abril de 2010

Cuevas


Esta mañana mi café está amargo, tampoco compré azúcar en la última compra que se me olvidó hacer la semana pasada. Se me caducan los yogures y por eso ya no los compro y me ahorro los bífidus activos y las desagradables pasas añejas que nadan impertinentes en muchos de ellos.
He soñado con pasteles parisinos y en kilos y kilos de chocolate negro y en slurps, ñams, craks y glubs estando en las cuevas; también he soñado contigo.
He encontrado mil formas en las sombras que hacía el fuego entre las estalactitas, la tuya la encontré cerca, colgando con maestría de la estalactita en la que me refugio.
He tenido una tregua que se ha despertado enfurecida porque quiere más cuevas y más orígenes y yo, traicionera, la he traido de vuelta a la locura de mi infierno. Sin explicaciones, sin rodeos...acomódate a las circunstancias y te callas. He llorado y como soy muy didáctica he contraido mi rostro y he lanzado sonidos espasmódicos acompañados de lágrimas y mocos para hacer honor a Cortázar.
El futuro estaba escrito en el cielo, entre la osa mayor y Casiopea. Y mientras lo descifraba, una pequeña serpiente marrón me explicaba la lírica de los poetas y hemos jugado con tu nombre y nos hemos abandonado a la retórica. Su retórica, zigzagueante, silenciosa y, a veces, dulcemente venenosa.
Cuando cae la noche la humedad de la cueva es igual de insportable que el ruido de los coches que pasan por mi calle o tan impertinente como una bombona de butano vacía. Más aún, igual de insportable que los ojos tristes y lejanos de quienes las suben a cuestas a mi casa y me roban cada vez un pedacito de alegría y dos euros de propina por bombona.
Las cuevas tienen historias de antediluvianos incendios pero sin cocinas ni aceites ni patatas fritas, incendios que duraron años y no dos minutos que podrían haber acabado con tu vida. Incendios sin manchas negras en paredes viejas, incendios con olor a roble y no a plástico de ferretería. Incendios sin gritos ni apelaciones ni platos sucios...solamente incendios sin cariños que se queman.
Las cuevas huelen a mañana, a estrellas y a dormidos cerezos y a soles que calientan. Huelen como huelo yo cuando callo, quizás al vacío, al origen o a té de jazmín frío con poco azúcar, para sentir el sabor de mi infancia.
Mi cueva guarda un tesoro y me pregunto si eres tú y te pido que no le pongas puertas ni cerrojos ni adivinanzas ni abretesésamos, sólo déjame entrar sigilosa, despacito y acurrucarme en aquella esquina, que ya tengo sueño y empieza a hacer frío.

sábado, 27 de marzo de 2010

Fata morgana


Estoy tratando de oirme en medio de tantas palabras y hay demasiado silencio en esta tarde callada. Me provoca el ocaso a correr hasta el horizonte,¿has visto tú el rayo verde?, ¿has oido de la Fata Morgana?
Te veía, te veía y no entendía tus ojos, te auscultaba y no escuchaba nada.
Estoy tratando de tocarme ahora que siento mi piel ingrávida, ya he nadado entre tus mares y he jugado con tus palabras.
¿Te he preguntado antes por el color de tus sueños? ¿Acaso sabes el material del que está hecha mi alma?

sábado, 13 de marzo de 2010

Cometa errante...

sábado, 6 de marzo de 2010

¡Pim, pom, fuera!


¡Pim, pom, fuera!...el tedio vespertino de la dominica.
¡Pim, pom, fuera!...el purgatorio y Dante con su cómica tragedia.
¡Pim, pom, fuera!...la quietud y el ansia.
¡Pim, pom, fuera!...la raíz amarga.
¡Pim, pom, fuera!...el voiyeurismo frustrante.
¡Pim, pom, fuera!...las pesadas cadenas del ánima.
¡Pim, pom, fuera!...las manos encogidas.
¡Pim, pom, fuera!...los agujeros en el pecho.
¡Pim, pom, fuera!...la piel gastada.
¡Pim, pom, fuera!...soñar bajito.
¡Pim, pom, fuera!...el crepúsculo triste.
¡Pim, pom, fuera!...la súplica callada.
¡Pim, pom, fuera!...y eleven las anclas.
¡Pim, pom, fuera!...ahora tú la llevas.