sábado, 27 de febrero de 2010

Remiendos


Vuelvo a caminar por los mismos antiguos adoquines vigilantes de Montmartre. Vuelvo a dar los pasos y a reconstruir mi identidad nuevamente.
Los caballos verdes de Sacré Coeur me siguen mirando con la misma expresión vetusta de siempre. Las panaderías siguen intactas y sus olores dulces me seducen como cuando era niña.
Cuando era niña, también correteaba por estas calles.
Me esculpo como una escultura de arcilla...poco a poco y cuando se triza, un remiendo y el tiempo para curar las heridas.
Cuando me trizo vuelvo siempre a los lugares conocidos. Cuando se me triza el alma, la encuentro a pedacitos esparcida en mi mundo. Mi mundo de dunas de arena gaditanas, de montañas australes e imperecederas, de calas de piedra de la tramuntana. Ahí estoy yo esculpiendo mi alma, sobre la duna donde te dejé fundirte con el tiempo, mirando como se duerme el sol anaranjado sobre los Andes o buscando mi origen en la isla de la calma.

miércoles, 17 de febrero de 2010

El tiempo


Otra vez la noche callada y la ausencia tejiendo el tiempo que se me acumula entre los recuerdos.
El tiempo que, a veces, se para en tu boca...el mismo que encuentro a jirones esparcido en la cocina, rociado entre mis libros, escrito en los papeles, colgando de mis vestidos, navegando en mis perfumes,..a veces, incluso, canturreando en mis discos.
El tiempo que empieza a contarse a trompicones,...el tiempo que no ha llegado pero que ya se ha ido.
El tiempo que no sabe a nada, que no huele al alba, que no nos ha detenido intactos en ningún sitio. No correteamos en un hayedo rojizo, ni flotamos sobre el Pacífico. No hemos podido contar todas las dunas del Sahara, ni me cambiaste por 24 camellos amarillos. No nos descubrió la luna aquella noche que no había luna,tampoco me alumbran ya las luciérganas australes, ni mi sudor se mezcla con el tuyo.
Ya no me salva un beso del abismo de las noches sin sueño, ni mis sueños desembarcan en el puerto de tu pecho.
El tiempo que hace piruetas y acrobacias con el cariño; el tiempo que, como un saltimbanqui, se enrosca, vuela y desaparece como un ladrón con mis caricias.
El tiempo canalla que se esconde y aparece dando brincos.
El tiempo sutil y grotesco que no perdona.
El tiempo sabio y el tiempo niño, el tiempo sucio y el tiempo contigo.